Parece que todo en el mundo -así como en la vida individual- funciona según un principio de acción y reacción, organizándose en ciclos, ondas, épocas o etapas.
Asistimos en el momento presente al punto más bajo de la gran onda ultraliberal y conservadora que se inició allá por 1980 con la elección de Ronald Reagan como presidente de los EEUU y vivió su punto más alto, probablemente, al final de esa década -los Reagan Eighties- con la caida del Muro de Berlín (1989).
Esta etapa conservadora llegaba a su vez como reacción a la gran onda idealista y contestataria de los 60 y 70: aquella fue la gran época de la utopía, de la revolución, del Ché. También del anticolonialismo, del pacifismo (Vietnam), de la liberación de la mujer. Luchas anticapitalistas y el ideal de libertad y de una vida mejor: hippies, situacionistas, Mayo del 68...
Ese idealismo fue barrido en los ochenta tanto del panorama filosófico (postmodernidad, pensamiento débil) como del social: conformismo político y nuevo puritanismo religioso. Culto a lo individual, al consumo, al éxito personal por encima de los demás. El rasgo económico principal fue la privatización y desregulación. Se trataba de dejar la vida económica en manos de empresarios y financieros, sin que el sector público interviniese -o interviniese lo menos posible- con actividades normativas o de redistribución.
¿Anuncia la euforia mundial por la elección de Obama el fin de reaganismo y el inicio de un nuevo ciclo? No sólo por el propio Obama -cuya capacidad de acción puede ser bastante limitada- sino porque en ocasiones un acontecimiento o una persona parece concentrar en un solo punto simbólico todo un conjunto de factores y energías de cambio. En este sentido es curioso que mucha gente de la derecha haya deseado la victoria de Obama...
Vemos en los últimos tiempos fuertes signos que parecen indicar un cambio de ciclo para las próximas décadas:
- Principalmente la crisis financiera: muestra a las claras el fracaso del ultraliberalismo para dotar a la economía global de la estabilidad necesaria. Todos coinciden en que la insuficiente regulación del sistema económico es lo que ha conducido al colapso de gigantescas entidades financieras e industriales.
- El cambio climático y la nueva conciencia ecológica. Va ha hacer falta tomar medidas drásticas para luchar contra el deterioro del planeta y muchas de esas medidas serán contrarias a la rentabilidad salvaje. Por lo tanto hará falta que el sector público implemente -de manera democrática- las normas de funcionamiento que eviten los excesos del lucro privado.
- Desprestigio del unilateralismo y del carácter moralmente agresivo con el extranjero característicos de los neocons ultraliberales (guerra e imposición de valores absolutos). Existe una corriente claramente perceptible en la sociedad hacia el respeto de lo diferente, el pacifismo, el multilateralismo y la 'Alianza de Civilizaciones'.
Estos factores son de tal fuerza que desbordan la opinión pública y ya tienen efecto en las instancias de decisión nacional y supranacional: Premio Nobel a Paul Krugman, intentos de un nuevo 'Bretton Woods' para refundar el capitalismo...
Es indudable que se respiran vientos de cambio pero... ¿a qué nueva época nos conducirán? Aunque la anticipación es un ejercicio arriesgado, lo intentaremos en próximas intervenciones.

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