El Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Eusko Alkartasuna (EA) ya no concurrirán en coalición a las próximas elecciones vascas. Puede ser una buena noticia -si no se trata de una simple estrategia electoral, como ha afirmado Patxi López- y contribuir a clarificar el panorama político del País Vasco. Esta clarificación podría darse por un lado respecto a las relaciones entre PNV y el Partido Socialista de Euskadi (PSE) -tema del que trataremos en otra ocasión-; y por otro lado respecto a la recomposición de la izquierda independentista.
En una entrevista aparecida en la página web de EA Carlos Garaikoetxea explica la decisión de deshacer la coalición por la tibia respuesta del PNV ante el rechazo a la consulta propuesta por Ibarretxe. El partido, siguiendo la línea de Imaz y ahora de Urkullu, habría abandonado con escasa lucha la apuesta soberanista, a pesar de la voluntad del lehendakari.
Ante esta situación, EA mantiene su posición soberanista, se separa del PNV y surge un acercamiento con la esfera de Batasuna y los sindicatos abertzales. Unai Ziarreta, presidente de EA, en una entrevista aparecida en el diario Público, explica la búsqueda de un nuevo espacio político:
Un 60% de la sociedad vasca es abertzale y un 30% se declara independentista, pero esta gente se está quedando en casa en las últimas elecciones porque no somos capaces de dar con las claves que generan ilusión. La apuesta de EA es dar con esas claves. (...) EA siempre ha mostrado su disposición a crear un gran movimiento soberanista. Siempre hemos estado abiertos a colaborar con la izquierda abertzale, pero sobre una base muy clara: respeto total, absoluto y escrupuloso a los derechos humanos.¿Estamos ante la aparición de una 'Esquerra Republicana' en el País Vasco? Está claro que tarde o temprano ese porcentaje de votantes independentistas se canalizará hacia alguna fuerza política democrática y legal. Batasuna pudo haber sido ese partido, pudo haber encabezado el camino hacia la paz, junto a Zapatero; pero la incapacidad de Otegi y sus compañeros para desligarse de las armas ha condenado a ese grupo político a la marginalidad y eventualmente a la desaparición.
Ahora EA, con Ziarreta al frente, se dirige hacia ese mismo espacio y podría afianzarse en él, si logra la confianza del mundo abertzale radical. Podría sumar apoyos entre aquellos votantes de Batasuna dispuestos a rechazar el uso de la violencia (que no son pocos) y también entre los votantes del PNV descontentos con su escasa combatividad soberanista.
Veremos cómo evolucionan las posiciones; en todo caso es una posibilidad optimista para la convivencia: al ofrecer un espacio político y legal al desarrollo de las inquietudes independentistas contribuiría a minimizar las tentaciones antidemocráticas o violentas.

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